CAPÍTULO 2: ORGULLO Y PREJUICIO Es reconocida como verdad absoluta aquella que afirma que un hombre soltero dueño de una gran fortuna ha de sentir algún día la necesidad de casarse. J. AUSTEN El primer miércoles Austeniano, Coca llegó antes que Teté. Se la notaba nerviosa, caminaba por la casa, toqueteaba portarretratos. Otilia conocía a sus amigas como había sabido conocer a cada uno de sus alumnos y alumnas y sabía respetar sus silencios, sus pausas. Así que como si nada pasara, siguió concentrada preparando unos mates dulces para ella con cascaritas de naranja, un tecito de rosas para Teté y, sin preguntarle, decidió que Coca hoy iba a necesitar hoy un tazón de tecito de tilo bien humeante. Nada de saquitos. Inés, que vivía en la capital, siempre le traía unas latitas muy mononas de un lugar muy monono con hebras y hojas y flores de los aromas más exóticos. Ni bien Teté entró olfateando cual cuzco las rosas y tilo...
Comentarios
Publicar un comentario